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VALENTINA

UN LUGAR

Sabía que tenía que fluir (pues la Runa me lo había recordado). Entonces fui, me entregué y les dije a mis muertos que me guiaran. Caminé en la dirección que me indicaron. Encontré agua… donde no imaginé que pudiera haber agua. Me sorprendí, y ahí estaba todo contenido en una forma semioval, vibrante y tranquila.
 
Allí estaban Elba y Pinuccia. 

Un lugar (I)

Septiembre 2024

Pensé en un lugar …el barrio La Merced, todas las historias de papá, todos sus recuerdos, el parque, los perros, los tombos, la radiola del abuelo, el tocadiscos, los discos, el río Arzobispo, los barquitos de papel, los carritos de balineras, la perse, la bruja de la hierba, La Iglesia, el colegio, las lunadas, las canchas de básquet, nuestros recuerdos ahí, la lápida, el nonno, los sábados y los domingos, el canto en la capilla, la acústica, la ópera, nuestras voces, la voz de mi hermana, el hallelujah, il mazzolin, adeste fidelis… 

Il fazzoletto di Pinuccia (I)

Giuseppina Pelfini

Giuseppina Pelfini, hija de Domenica Piselli, nació entre unas montañas alpinas en un pequeño pueblito del norte de Italia, a las orillas de un lago frío que separaba países en guerra.
 
Su belleza, su ternura y su templanza se forjaron entre campanas y misas que retumbaban en los altillos de Miazzina.
 
Pinuccia elegante
Pinuccia devota
 
Se cubría para salir, para dormir, para rezar,
Se tapaba como María, se resguardaba como la virgen,  la que todo lo aceptó, todo lo soportó, todo lo superó.  Pinuccia se escondía, se velaba, se intimidaba, se reservaba, se encapsulaba, se invisibilizaba, se desaparecía, se diluía…

Un lugar (II)

Continuación

Sí, la capilla sería el lugar donde los convocaría. La nonna me lo susurraba. Era, al final, su lugar seguro, su espacio devoto, la cuevita donde podría respirar con su cabeza envuelta entre el pañuelo; allí podía amarnos a todos, perdonarnos a todxs, sentir que es inmortal como tantas veces se lo reclamamos, viva con nosotros y muerta con sus muertos, todos reunidos en un mismo lugar donde ella puede alimentarlos. La Capilla del Colegio San Bartolomé de la Merced, allí lo haría, allí cantaría, cantaríamos…como a mi Nonna le gustaba, allí nos fundiríamos con las resonancias, improvisaríamos. Compartiríamos una pequeña ofrenda de comer, en el interior oscuro y frío donde mi padre recuerda tanta vida y donde nuestra familia hoy visita tanta muerte. 

Il fazzoletto di Pinuccia (II)

Una seda oriental

Arabescos barrocos, azules y rojos, dorados y finamente diseñados serían cortados y fileteados, doblados y empacados para viajar lejos, de un continente a otro
un pañuelo se convertiría en la prenda que cubrirá el rostro de la Nonna de piel fina hasta sus 96 años.
 
La visto y viajo y danzo, con el mismo viento que la trajo hasta aquí, me muevo con una fuerza superior que canta desde un desierto hirviendo del que vengo, un oriente medio del que broto, me cubro y me protejo en una cueva fresca, en una sombra tibia que me resguarda de violencias ajenas, me conecta con mi linaje femenino y me vincula profundamente con una fuerza íntima, escondida, solo mía y de ellas. El pañuelo sobre mi cabeza me atesora a mí misma, me cobija y me vela.

HUELLAS

Sabía que tenía que fluir (pues la Runa me lo había recordado), entonces fui, me entregué y
les dije a mis muertos que me guiaran, caminé en la dirección que me indicaron.
barca memoria