Y ahora yo… que me inventé toda esta cosa gigante para duelarte para darme cuenta de que tal vez no estoy lista y que tal vez sea mejor tenerte aún lejos de mi recuerdo. Porque todavía quema tu recuerdo.
Un caminar tambalenante y tembloroso
Quisiera poder recordar la manera como caminabas antes del desastre
Los ragas de la mañana y la música balinesa
Tus chalecos, tus jeans, las chaquetas que puntualmente te traía de regalo,
el saco roto
roto y sucio
El olor de ñero que a veces me parece estar buscando entre los indigentes de mi calle.
Tu bolso sucio y gastado donde guardabas, infaltables, tus libros listos para vendérselos a cualquier amigos que encuentres en la calle:
“yo soy escritor y uno vive de vender sus libros”.
El bolso del cual nunca te separabas, ni siquiera para sentarte a comer, ni siquiera cuando no había peligro de que lo perdieras... Cuánto miedo tuviste de que se te perdiera la vida.
La vida está poblada de mi muerto, que ahora que se ha muerto, pareciera haberse convertido en vida muerta. La verdad es que lo reencuentro sobre todo en mi capacidad de enseñar.
Mi papá fue un maestro. Fue mi maestro y maestro de otras tantas personas. Desde muy pequeña lo acompañaba a enseñar y hay cosas que aprendí, que transmito aún sin quererlo. Hoy, que él ya no existe, esas cosas son mi pequeño tesoro y hoy quiero
Intenté reconocerme en ti y —aterrador, horrible—, pero ahora casi que lo extraño. Intenté recordar cómo te movías y repetirlo, pero me sentí incapaz frente a tu grandeza. Quería oír tu voz, pero me aterró el sólo pensamiento de que ya no estás. Fumé uno de tus cigarrillos y pensé que es uno menos del paquete y no fui capaz de volverlos a tocar. Sí, la caja de los pielrojas empezada y no terminada.
Quiero que tus objetos duren para siempre
Como el amor que es para siempre
Pero que nunca es realmente para siempre.
Recuerdo un apartamento viejo y casi en ruinas, seguramente el único que lograbas pagar después de la separación. Tú estás pintando en la terraza y yo estoy durmiendo en tu casa porque me escapé de la mía y mi mamá está furiosa conmigo.
Estoy acostada en un colchón en el piso (ese colchón azul y duro que preferías porque era lo más parecido a un tatami japonés). Tú pintas y recuerdo el baño medio-sucio, pero siempre un poco “decorado” con tus cuadros. Creo que estás pintando justamente el huevo de la vida.
Yo te quiero, yo te quise, pero ahora necesito pedirte que me dejes
necesito que dejes para que yo pueda ser algo más que tu reflejo en esta tierra-
quiero mi identidad (de regreso o por primera vez) sin el peso de la tuya y sé que en algún lugar debe existir.
Se contruye más allá de la tuya…
Porque aún siento la presión sobre el pecho
La piedra de Sísifo
El cadáver de Zaratustra
Siento el peso y necesito no sentirlo más
Le pedí a la cascada que el duelo fuese leve.
Pero hoy todo pesa