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LEO

SANCOCHO INCONEXO

Sancocho inconexo es una sopa espesa integrada por apuntes de sesiones, fotografías, videos, cartas, intentos de poemas, intentos de canciones y pensamientos. Todos están relacionados con las vivencias y residuos sensibles obtenidos en el proceso de investigación y laboratorio en torno a la muerte que ha propiciado ODISEAS.

Dado que es inconexo, no tiene la pretensión de ser hilado de ninguna manera específica, no tiene el deseo de que su organización construya una narrativa o que intente dar orden a esa naturaleza dispersa y parchuda. Los tejidos se darán por las conexiones que puedan establecer lxs participantes digitales de la web entre las palabras e imágenes allí contenidas y sus propias experiencias: lo que le llame, lo que le mueva, lo que le habite, lo que le irrite.

Es deseable para el autor-escucha de esos materiales, que sean explorados con todo el desorden y aleatoriedad posible. 

Carta nunca escrita (I)

Sábado 04 de mayo del 2013

Hoy a las 3:30am, como es costumbre, te levantaste muy temprano, a pesar del tiempo, de la rabia y de la vida, para seguir convenciéndote de lo que estás dispuesta a soportar. Ya no tienes necesidad de convencerme a mí porque estás completamente segura de haber hecho lo necesario para que sepamos de tu profundo amor, de tu lealtad y de tu excesivo compromiso.

Abro los ojos para cumplir el protocolo e iniciar el día, aunque la realidad es que desde hace mucho no soy digno tampoco del sueño, pero eso tú ya lo sabes, lo sientes, lo has sentido todas las noches en las que nuestras espaldas se rozan durante silencios y sudores infinitos.

Mientras que, bajo tu supervisión, el café hierve con tan poca panela como nos gusta, aprovecho para ir a la habitación de nuestro hijo, las cobijas regadas por todo lado menos por su delgado cuerpo, ahora más débil que nunca, por el sueño y por la enfermedad; lo cubro, lo miro, lo beso y toco su cabeza prendida en una fiebre virulenta que se sazona con el olor amargo de la sábila y el vinagre, que sólo tú habrás sido capaz de ponerle como maniobra desesperada de amor protector.

Viéndolo, dudo de esta realidad extraña, distorsionada, dolorosa, una realidad de fantasía que se parece a un sueño de esos que hace mucho no tengo. El tiempo se extiende, la vida trasciende y logra inundarnos el alma. Aunque él duerma, nos unimos sublimemente por un par de segundos en el riesgo que los dos tenemos de morir: él por enfermo, yo por jodido, los dos por estar vivos. 

Carta nunca escrita (III)

La colina

Me tomo el café que me serviste, ya sin sueño, ya sin cuncho. Me visto delante de tus ojos que ocasionalmente me miran sin decirme nada, pero gritándome todo; yo también callo, y a pesar de lo mucho que te esfuerzas, no entiendes mi silencio, pero qué le vamos a hacer, soy un experto en mentir y eso lo sabemos los dos, además de que yo tampoco sé por qué callo.

Me pongo la colonia que llevo usando durante años, sé cuánto te gusta. Te miro y estoy listo para despedirme. No sé si tú lo estás, pero es hora, y mi puntualidad rigurosa quiere ir en busca de la felicidad importaculista, de la vida total.

Nos despedimos con un tímido beso que trato de aprovechar tanto como pueda; en medio del débil y agotado enfado, me deseas buen día, yo te digo lo mucho que los amo y me voy, no sin antes empacar el almuerzo, porque sé la ira que te da cuando no lo llevo. 

Carta nunca escrita (V)

El rigor

Cada vez voy perdiendo más la rigurosidad del detalle, pero espero ir ganando en la vitalidad que te quiero entregar, porque te amo. Además, ¿para qué te doy más datos cuando aquí no hay nada que calcular? Ni siquiera hay algo que informar, esto es un mero acto de compromiso contigo y con él, porque a la larga, todo esto se trata de ustedes. La experiencia del presente me hace saber que estoy enfermo y que me duele; no vayas a creer que estoy enfermo de depresión porque no es así. Tal vez sólo estoy enloqueciendo, y lo digo tragándome mis propias palabras y mi ego, al recordar cada momento en el que manifestaba mi odio por todos aquellos que deliberadamente decían estar locos… pero qué más da, corro el riesgo de contradecirme y de amar locamente.

Sabes que nunca le he tenido miedo a la muerte y la desgraciada me acaba de retar en una partida de sudoku; si gano, ella gana y ustedes ganan, es un juego simple del que, por cualquier lado, algo se gana, diferente al juego que atormentó nuestra vida durante tantos años y del que más bien su simpleza se resumía a que siempre los mismos perdían, y esos mismos éramos nosotros. 

Carta nunca escrita (II)

La hora

Me rebosa una sensación placentera de vulnerabilidad. Apenas anoche me saludaba con una mezcla de rabia, obligación y miedo: tan niño, tan infantil y pataletoso, en frente de un adulto inmaduro e impulsivo. Ahora soy yo quien se despide con la misma mezcla de rabia, obligación y miedo. No le tengo miedo al futuro sino a la vida, y por eso ahora me lanzo a ella, sin aplazarla, para vivirla.

No sé qué hora es, pero sé que ya es tarde para varias cosas. Desnudo mi cuerpo y entro a ese baño en el que muchas veces hicimos el amor. ¿Recuerdas cómo jugábamos con la espuma que resbalaba por nuestra piel, o cómo discutíamos bajo ese chorro de agua que a veces parecía congelarnos el cerebro y quemarnos el corazón y el sexo? Siempre he amado nuestras discusiones, he admirado tu humildad inquebrantable y tonta que era incapaz de ponerle fin a cualquier esperanza de cambio. No estoy sólo, porque sé que tú estás aquí, conmigo, al igual que yo con y por ustedes, pero me siento solo.

Carta nunca escrita (IV)

La niebla

El frío de las 4:30 de la mañana me termina de despertar, la niebla escarchada de esta madrugada de mayo eriza cada vello de mi cuerpo, reafirma mi sensación de vida absoluta, de dolor pleno, me subo en el bus y no parece ser el mismo. Maravillosamente, algo se fracturó en este acto que se había vuelto tan repetitivo. No te contaré mucho más de lo que pasó en la siguiente hora y media de estar navegando por una ruta que parecía desconocida (aun cuando en realidad no lo era), y tampoco te contaré de las siguientes ocho horas, solo porque no quiero redundar en el narcisismo que por más que me esfuerce, la mayoría de veces me domina, y esto se trata sólo de abrirme a ti; supongo que te gusta saber que, por primera vez en mucho tiempo, el protagonismo del trabajo no me importa. Me importas tú, y ten la seguridad de que estuviste ahí por todo ese tiempo.

Carta nunca escrita (VI)

El perfume

Hoy, por primera vez, voy a hacer el amor apasionadamente con alguien que no es contigo, y aun así tú y yo vamos a ganar.

Después de estar cuidando a otros por muchas horas, voy al baño, lavo mi cara con agua mientras que unas pocas lágrimas salen de mis ojos. Me pongo un poco del perfume que tanto te gusta porque, aunque mi cita no es contigo, estoy pensando en ti y en nuestro hijo. Una pulsión vibrante que me calienta las vísceras, me lleva a aquella habitación blanca, sola, sin cámaras que puedan verme o que puedan pretender dar testimonio de este acto de amor. Miro a la muerte a los ojos, mi amante. Todo puede ocurrir en este momento y lo que ocurra no tendrá justificación, ni explicación, no podrá ser racionalizado, solo será así y ya, me habrá conducido un impulso de amor, una consumación del amar. Lo que sea que ocurra ahora lo habré hecho porque quiero y porque me viene en gana. Rosas negras y humor negro del que me gusta, para este, tu negro, que se despide de nuevo y, al menos de esta forma, para siempre. 

SANCOCHO INCONEXO

En la necesidad irrefrenable de acercarme, de saber, de escarbar y de intentar entender el universo de los muertos y las muertes, me encuentro hoy (tal vez no mañana) con que no
tengo otra cosa que a los vivos. Los vivos en quienes reposa la esencia viva de mis muertos, los vivos en quienes me refugio cuando algún fragmento de mí se muere.

GALERIA

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barca memoria