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AYELEN

CULTIVAR EL DUELO

La Tía estuvo 40 años a punto de morirse. A lo último ya solo quería irse. Murió a los 93 años, el 5 de mayo de 2024, un día después de mi cumpleaños. Ese día me acosté a las 5 de la mañana, y a las 6:30 me llegó un mensaje que escuché muchas horas después. La tía había muerto como quería, en su cama. A pesar de la tristeza yo estaba tranquila. La distancia me hizo prepararme

Cultivar el duelo

Invocación #1

Hoy, mientras escribía, pensaba que recordar es una de mis tareas. Tal vez el legado que me dejó la Tía Clelia —que era la guardiana de la memoria de mi familia. Yo me preocupo por recordar a mis muertos. Las anécdotas que me más me gustan. Las historias que contaban, sus hazañas, sus metidas de pata. De mis tíos y tías recuerdo a la perfección qué me enseñaron. Las cosas que hacen que yo sea, porque ellos se encargaron de compartirlas conmigo. De mi abuelo y abuela recuerdo todo. De mi abuelo y abuela que no conocí, poco, pero con lo que sé me voy inventando el resto de las historias. De mi amiga Raque, que ya no está, recuerdo todo: las risas, las borracheras, las poesías y, sobre todo, las noches interminables. No hay olvido posible para la gente que amé, y sé que mi tarea es sembrarles cada vez que pueda, para que nazcan una y otra vez en esta tierra. Cultivar el duelo.

Coincidencias (I) 

y por suerte no recordamos solos (I)

La semana del día de muertos coincidió con las últimas funciones de “Espectros” y de tantas otras cosas. Estaba a full. No podía pensar en nada más que trabajo y todas las cosas juntas que tenía que hacer. Esos días me había mudado, y en medio de la casa tenía el grabador de Tía Clelia. Un día lo miré y pensé: qué lejos estoy de esto… ni siquiera sé dónde tengo la foto de la Tía. El jueves Sofi me hizo un comentario por el día de muertos, y yo le dije: estoy muy desconectada de todo, y me dio un poquito de tristeza. El viernes tuve 10 minutos de espacio libre, digamos 15. Fue arriba del SITP. Iba para la función de “Espectros”, me senté y llegó el poema de Angelo. Lo leí y dije: agradecer. Tengo que ir al cementerio con la abuela —mi personaje de “Espectros”—. La abuela se pasó semanas recordando muertos, tiene que agradecer. El domingo —última función de “Espectros”— hice el trabajo. Llegué al cementerio —llegamos— yo y ella.

La humanidad

Invocación #2

“Para que cante la vida, toca su caja la muerte”. Vidala del último día Cancion popular argentina
 
Este trabajo para mí marcó algo difícil de explicar. No tengo palabras para describir esto, pero lo voy a intentar:  Cuando mis compañeros presentaron sus muertos, sentí una conexión extremadamente profunda. Más que una conexión, una emoción que es más que la empatía, es como: ¡juemadre, me estás mostrando las entrañas!. El pedazo más humano. Me estás compartiendo a tu muerto. ¿Y yo, cómo lo recibo? ¿Cómo hago para estar a la altura? Ahora no puedo ser la misma. No puedo negar que vi los muertos y las muertas de mis compañeres y sus tristezas y sus alegrías y sus penas y sus vidas. Ya no puedo negar. Ahora estoy más viva y soy más humana. Porque vi la humanidad.

Coincidencias (II)

y por suerte no recordamos solos (I)

Empecé a recorrerlo, veía las tumbas, no podía detenerme en ningún lado, ningún nombre me convocaba. Quise detenerme en la capilla y arrodillarme como un señor que estaba delante de mí, a ver si encontraba a Dios, pero no quería interrumpir su rezo, así que seguí. Llegué al final, muros derruidos. ¿Por qué otra vez lo destruido?, pensé. Caminé un poquito y en las tumbas de pared, arriba de todo, encontré lo inesperado: Clelia García Fajardo, 4 de mayo de 1955. El nombre de mi tía, mi apellido y el día de mi cumpleaños. Mi Tía le hubiera jugado a la lotería. Yo solo dejé flores, velas, le agradecí por estar, por dejarme encontrarla, y por jugar este juego conmigo.

LAS CARTAS DE LA TIA CIELIA 

LA TIA CIELIA ENTRA EN ESCENA

barca memoria